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Beneficios de las artes marciales para las/os ‘peques’

Mejoran el desarrollo físico y mental de las/os niñas/os de 7 a 10 años, y les inculcan respeto hacia el contrario, pero conviene tomar ciertas precauciones. Desde luego, ésta es la edad ideal para iniciarse, no ya en éstas disciplinas orientales, sino en cualquier otro deporte. Anteriormente, su inmadurez hace difícil que comprendan que requieren cierta disciplina. Lo ven exclusivamente como un juego y no aprenden las técnicas básicas necesarias para progresar y sentirse a gusto con su práctica.


«En el caso de las artes marciales, empezar antes les sirve para aprender a situarse en el espacio y relacionarse con los demás», apuntan desde la Federación Española de Judo. «Pero a partir de esta edad, las artes marciales facilitan su desarrollo muscular, mejoran su equilibrio nervioso, y potencian la elasticidad, la rapidez de reflejos y el control de la agresividad».

No obstante, son precisamente los padres quienes mejor pueden apreciar si su hija/o se encuentra preparado para enfrentarse a esa parte de compromiso que conlleva siempre el deporte. Más información pinchando aquí.

Los cinturones son un incentivo

Para premiar ese compromiso se emplean los cinturones, que identifican por su color la categoría del practicante. «Fomentan su interés por mejorar día a día y recompensan también su esfuerzo», continúan en la Federación Española de Judo. «No hay una fecha fija para subir de categoría, para pasar de un cinturón a otro, aunque suele coincidir con cada nuevo curso. No obstante, no se les examina si no se tiene la certeza de que van a aprobar: se trata de una actividad lúdica y no conviene frustrarles».

En ese sentido, un buen profesor, perteneciente a un centro homologado por la federación (se les exige cierta preparación pedagógica además de educación física), no concederá a un niño un cinturón de una categoría que no le corresponde, pues ello le haría combatir en inferioridad de condiciones. Por supuesto, nuestro hijo debe practicar con niños de su misma edad, lo cual además de prevenir cualquier posible abuso derivado de compartir el vestuario con adultos, evita riesgos innecesarios de lesiones.

Aún son vulnerables

Éstas no abundan ni más ni menos que en otros deportes, aunque todo depende siempre del nivel de competición, que a estas edades no debe ser aún muy elevado. No obstante, una buena parte de las clases se emplean precisamente en la preparación física y en el precalentamiento de músculos y articulaciones para evitar tirones o torceduras. Los padres tienen que vigilar también la alimentación. El desgaste de energías y la modificación de su ritmo de vida deben ser compensados con una dieta equilibrada.

Por lo demás, se trata de deportes económicos de equipar, pues basta con un kimono, un cinturón del color correspondiente y unas chanclas. Cualquiera de estas artes de defensa oriental fomenta la concentración y la confianza del niño en sí mismo, al saberse poco a poco capaz de poder hacer frente a cualquier situación inesperada. Aunque todas ellas están de moda entre los pequeños, el judo y el karate son los que cuentan con más practicantes en España, en tanto que el    taekwondo, el aikido o el wu-shu son aún minoritarios. Más información pinchando aquí.

Sólo es un deporte

A veces, los padres se ven reflejados a sí mismos cuando sus hijos practican un deporte. Y tratan de que el niño alcance los niveles que ellos consiguieron o, lo que es peor, a los que nunca llegaron. Esto puede marcar, precisamente, la diferencia entre que el niño se sienta a gusto con la actividad que ha elegido libremente y en la que se siente progresar, o que presionado por el adulto, para obtener brillantes resultados inmediatos, llegue incluso a aborrecerla, y por extensión, a odiar cualquier otro deporte.

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